Los orígenes de Santa Isabel se remontan a la dominación árabe y fue debido en su mayor parte al establecimiento de los colonos del casco urbano de Zaragoza tras la conquista en diciembre de 1118 por el rey aragonés Alfonso I, el batallador, en una dura lucha contra los musulmanes, dueños entonces de la ciudad y que eran comandados por Alad Aclah iln Harzal. Los árabes ya cultivaban estas tierras, de hecho el sistema de riegos, utilizado aún en la actualidad, es característico de este tiempo. La acequia Urdana fue construida por el moro Paniporta, que la inició en “La Azu”, peña situada en el Gállego, en la proximidad de la Cartuja de Aula Dei. El moro Jarandín la llevó hasta el Urdan (Movera) lugar donde desemboca el Gállego. Hoy todavía queda algún resto árabe en la llamada Torre de los Ajos y Torre de la Hacienda.

Una vez que la urbe fue tomada por los cristianos, la ciudad comienza a aflorar y la gran afluencia de colonos cristianos o, en su defecto, mudéjares, hizo necesaria la ubicación en sus alrededores de estos nuevos pobladores. De esa manera se hacía efectiva la conquista de la ciudad.

La agricultura era la base de la formación de la zona. Colaboraron en el desarrollo varios acontecimientos ocurridos a lo largo de los años: La concesión de los privilegios por Alfonso I hacia el año 1119: “… a los que ya estáis y a los que en adelante vendrán a poblar. Para que la ciudad sea bien poblada y os asentéis allí”. Sin embargo, estos privilegios no proporcionaban seguridad económica. Más tarde, en 1138, Ramón Berenguer IV, quiso que la población de la ciudad aumentara.

Así que, a través de la carta de colonización de Zaragoza, repartió tierras y, años más tarde, otorgó la propiedad de las mismas a los vecinos que las iban cultivando.

Estas tierras estaban situadas en lo que era el territorio municipal de Zaragoza originado por Ramón Berenguer IV durante la Edad Media y estaban formadas por los terrenos ubicados entre Zaragoza la Vieja, Osera, Zuera, Sobradiel y el puerto de Paniza. Den-tro de este gran término, uno de los mayores núcleos de población, se encontraba en Santa Isabel, que junto con Montañana, formaba el término de Mamblas, nombre que denomina la acequia de riegos y el sindicato correspondiente.

El establecimiento de los colonos en el término de Mamblas data de 1151. En este año, el merino del rey donaba a los colonos, el canal con todo el término de Mamblas y la acequia de Arandín y se concedió a su vez la vecindad de Zaragoza y el segmento mediante fuerza propia.

En el siglo XV (1495) Montañana y Santa Isabel formaban el término de Mamblas y con este nombre en los documentos: Mamblas, Malpica y el Saso eran los términos más alejados de la ciudad, lindaban con los campos de Villamayor y de la Puebla de Alfindén, así como con el termino de Urdán. Por entonces no cabe hablar de núcleos de población, sino de asentamientos rurales, casas de campo y torres.

El origen y fundamento del barrio y de su nombre Santa Isabel se atribuye a que la infanta Isabel de Aragón, hija de Pedro III, pasó su infancia en un palacio sito en el término. El palacete se transformó con el paso de los años en harinera y más tarde en azucarera.

En la mojonación de términos de Zaragoza en 1889, que dejó muy reducido el tér-mino municipal de la ciudad, conservó, sin embargo, incluidos Santa Isabel, Movera y Montañana. Con lo que se puede asegurar que, sin interrupción alguna, han sido barrios de la ciudad.