Sobre un antiguo batán existente ya en el año 1572 se construyó la antigua harinera de “Villarroya y Castellano” que, junto con la papelera “La Zaragozana” sita en Villanueva del Gállego, era propiedad de una familia de banqueros de Zaragoza y que con ocho muelas producía la cantidad de 1500 arrobas diarias de harina.

Esta harinera se incendió en 1855 siendo reedificada en dos años y ampliándose su maquinaria a 16 muelas; en 1862 daba empleo a 19 operarios. Según la guía de Zaragoza de 1860 “en el centro del cuadro que forma esta grandiosa fábrica hay un gran patio o corral de desahogo y en él se hallan los almacenes de trigo, salvados y harinas de todas clases y los talleres con todo lo necesario a la conservación de lo que allí contiene.

En el inventario de bienes en 1864 la fábrica de harina y sus dependencias están valoradas en 2.300.000 reales”. En 1881 la harinera fue la primera en España en aplicar el sistema austrohúngaro con nuevas cernedoras, los primeros molinos de cilindros, clasificadores de sémolas, mezcladoras etc. Llegando a producir 80.000 Kg. diarios de harina constituyéndose en la principal harinera zaragozana y una de las primeras del país. Con el auge de la producción azucarera la fábrica de harinas se reconvirtió en una nueva factoría “La Azucarera de Aragón” destinada a la producción azucarera situando al frente a su gerente Don Hilario Andrés.

Un artículo del Heraldo de Aragón del 27-3-1900 titulado “Las fábricas de azúcar” habla de “la dificultad de instalar una fábrica de azúcares de remolacha en una fábrica de harinas cuando cada una de ellas necesita un edifi cio especial, el querer utilizar el salto de aguas, acaso la poca pericia de la casa que se comprometió a montar la maquinaria, el
caso es que la campaña de 1899 no correspondió ni mucho menos a las esperanzas de sus
accionistas”. La escritura de la sociedad de disolución arrojaba en 1908 arrojaba unas pérdidas de más de 2.000.000 de pesetas.

Aquí se lavaba la remolacha en el salto de agua de la acequia y se trasladaba ya en camiones a la Azucarera de Aragón.

El frente principal del edificio, situado en la misma carretera de Cataluña era grandioso con habitaciones espaciosas para los dueños y para los empleados y un pequeño oratorio donde se celebraba misa los días de precepto. La capilla estaba presidida por una imagen de San Isidro Labrador que hoy día se guarda en la capilla de Nuestra Señora del Pilar del Puente. En la capilla de San Isidro, el cardenal Soldevilla, a comienzos de 1900, bautizó a un niño, cuyos padres eran prusianos y protestantes, poniéndoles el nombre de Walter Ignacio.

El edificio, un palacete de unas 4 o 5 plantas, sorprendía por el lujo de las espaciosas habitaciones tanto para los dueños como para los empleados. Estaba muy ricamente decorado, las escaleras tenían columnas de mármol blanco. En la planta baja residía un matrimonio que eran los porteros del edificio, en la primera planta vivía Don Félix Ruiz Sánchez el médico del barrio, con su esposa Matilde Galbe y sus hijos. También era muy visitada por gente importante que venía de paso incluso se comenta que miembros de la realeza se alojaron en sus habitaciones.

La Posada estaba al lado de La Raperi, el caserón contaba con una cochera grande por donde entraban los carruajes que llevaban a personas muy importantes que dormían en La Raperi. La entrada era amplia con un portalón grande en forma de arco y una pequeña puerta. El suelo estaba adoquinado, al fondo se salía a las cuadras y a un salto de agua que estaba en la acequia de Urdan que pasa por allí. Entrando a la derecha había una habitación grande con cocina de una de las familias que residían arriba, a la izquierda de la entrada estaban las escaleras muy amplias que llevaban a las viviendas unos 3 o 4 pisos. La mayoría de los inquilinos eran trabajadores de la Azucarera de Aragón.

Según nos cuentan, durante la Guerra Civil, se alojaron en la posada las tropas italianas que también la utilizaron como almacén de suministros y vehículos y que los soldados compartían la comida (comúnmente pasta) con los vecinos.

Esta casona palacete de “La Raperi” se encontraba en la bifurcación de la carretera de Montañana con la Avd. Santa Isabel, lo que es actualmente la calle Manuel Vázquez Montalbán, en pleno camino de Barcelona. El acceso a Montañana se realizaba por la actual calle La Raperi y cuando hicieron la nueva entrada a Montañana echaron a los alquilados, en su mayoría trabajadores de la azucarera que por esas fechas pagaban de arriendo un duro al año, y derribaron los edificios perdiéndose así una parte significativa de la historia de la industria en Santa Isabel.